Son para otras enfermedades, pero estos fármacos podrían llegar a tratar el párkinson: el reposicionamiento gana fuerza en la EP

Varios fármacos que originalmente fueron diseñados para el tratamiento de otras enfermedades están siendo evaluados como posible terapia para la enfermedad de Parkinson. Esta estrategia acorta los tiempos y reduce los gastos asociados a los desarrollos farmacológicos.

reposicionamiento párkinson

El reposicionamiento de fármacos es una estrategia cada vez más popular entre las compañías farmacéuticas.

Consiste, esencialmente, en una nueva aplicación terapéutica de un fármaco que ya existe y que originalmente fue desarrollado para otras aplicaciones clínicas.

En el área del párkinson hay un ejemplo muy conocido: la amantadina, que actualmente se emplea en el tratamiento de las complicaciones motoras de los pacientes, fue inicialmente desarrollada en la década del 60 del pasado siglo como tratamiento profiláctico contra la influenza.

Desarrollar un fármaco completamente nuevo puede costar alrededor de 2.6 mil millones de dólares y entre 13 y 15 años de investigación, de ahí que el reposicionamiento se esté convirtiendo en un atajo que muchas compañías están tomando.

Una investigación reciente, publicada en la revista CNS Drugs, realizó una revisión de los principales fármacos se están intentando reposicionar para el párkinson actualmente.

¿Cuáles son? Sigue leyendo, que en nada te enteras.

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Reposicionamiento de fármacos en la enfermedad de Parkinson

señales de alarma de esclerosis múltiple

Nilotinib

Este fármaco está aprobado para el tratamiento de la leucemia mieloide crónica (LMC), pero estudios en animales de experimentación han mostrado que puede ayudar a reducir la acumulación de proteínas tóxicas en el cerebro de los enfermos de párkinson.

Un pequeño ensayo clínico que incluyó solo a 12 pacientes reflejó mejorías motoras significativas en las personas bajo tratamiento con nilotinib, mejorías que desaparecían al dejar esta terapia.

En la actualidad este fármaco sigue siendo investigado.

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Simvastatina

Fármaco ampliamente usado en el tratamiento de los niveles elevados de colesterol, también parece prevenir la acumulación de proteínas tóxicas asociada a la enfermedad de Parkinson.

La simvastatina se asocia, además, a efectos antioxidantes y antiinflamatorios, lo que también tendría una acción positiva en los pacientes con párkinson y otras enfermedades neurodegenerativas.

En la actualidad el fármaco está siendo investigado en 235 pacientes con párkinson en fase moderada.

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Ambroxol

El ambroxol está indicado en el tratamiento de algunas enfermedades respiratorias.

En la enfermedad de párkinson, la investigación en animales de experimentación sugiere que puede ser beneficioso en los pacientes con la mutación GBA, uno de los principales factores de riesgo genético de la enfermedad.

Se han realizado dos pequeños ensayos clínicos (uno con 12 pacientes y otro con 5) que reflejaron un buen perfil de seguridad y mejorías neurológicas.

En la actualidad el fármaco está siendo evaluado en dos ensayos clínico; uno involucra a 20 pacientes con y sin la mutación GBA, y un segundo ensayo incluye a 75 pacientes con demencia asociada al párkinson.

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Israpidino

Estudios a gran escala han mostrado que las personas tratadas con antagonistas del calcio, un tipo de fármaco empleados en el tratamiento de la hipertensión, tienen menos riesgo de párkinson.

A nivel experimental se ha observado que estos fármacos pueden tener un efecto antioxidante.

Debido a todo lo anterior ya hay un antagonista del calcio, el israpidino, que ha sido evaluado en ensayo clínico y, de hecho, sigue siendo investigado.

Dos ensayos han mostrado la mayor dosis que puede emplearse en pacientes con párkinson, pues a partir de ese límite comienzan a observarse importantes efectos secundarios.

Sobre su eficacia para enlentecer el avance de la enfermedad o generar mejorías motoras poco se ha observado, de ahí que actualmente hay en marcha un ensayo clínico con 336 pacientes que se espera que concluya en 2019.

Inosina

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La inosina se comercializa como suplemento nutricional para mejorar el rendimiento deportivo.

¿Y qué tiene que ver con el párkinson? Pues que esta sustancia eleva los niveles de urato y varias investigaciones han encontrado que las personas con niveles séricos de urato elevados tienen menor riesgo de párkinson.

Se han realizado dos ensayos clínicos que hasta ahora no han reflejado beneficios significativos.

Actualmente hay en marcha un tercer ensayo que involucra a 240 pacientes en fase inicial de párkinson. El objetivo de esta investigación es evaluar el efecto del fármaco en el deterioro clínico de los pacientes. Los resultados se esperan para 2020.

Sin embargo, los efectos secundarios de elevar los niveles séricos de urato son tan significativos, que la verdadera utilidad de la inosina está entre signos de interrogación.

Ácido ursodesoxicólico

Usado en el tratamiento de la cirrosis biliar, el ácido ursodesoxicólico parece mejorar la función mitocondrial, muy dañada en los pacientes con párkinson.

Además, según lo observado en animales de experimentación, también tiene efectos antioxidantes y antiinflamatorios.

En ratones modelo de enfermedad de párkinson el fármaco parece ayudar a la supervivencia de las neuronas dopaminérgicas, esas que degeneran en los pacientes con la enfermedad.

En la actualidad hay un pequeño ensayo clínico con esta sustancia que involucra a 20 pacientes.

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Deferiprona

En los pacientes con párkinson existe un exceso de hierro en el cerebro, algo que contribuye a la neurodegeneración.

Para disminuir los niveles de hierro se evaluado el uso de un fármaco llamado deferiprona en tres ensayos clínicos. Los resultados han sido prometedores y en la actualidad hay otras dos investigaciones con pacientes en marcha.

Exenatida

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La exenatida se emplea en el tratamiento de la diabetes mellitus tipo II, enfermedad con una compleja relación con el párkinson.

Se ha observado que las personas con diabetes tipo II tienen un riesgo ligeramente mayor de desarrollar párkinson que el resto de la población y en los pacientes con párkinson y diabetes, la enfermedad neurodegenerativa parece ir más aceleradamente.

Se ha sugerido que esto se debe a cierta “resistencia a la insulina en el cerebro” de los pacientes con párkinson, de ahí que se haya evaluado el efecto de la exenatida, un fármaco que promueve la secreción de insulina, en la progresión y los síntomas de la enfermedad.

Se han realizado dos ensayos clínicos con el fármaco y en ambos se han observado resultados muy alentadores, llegándose a sugerir que la exenatida podría influir sobre el curso de la enfermedad.

Lamentablemente ambos ensayos han incluido a pocos pacientes y no son concluyentes, pero con estos resultados nadie duda que seguirá siendo investigado.

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Fuentes y referencias

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. En https://www.aemps.gob.es/home.htm

Athauda, D. & Foltynie, T. CNS Drugs (2018): Drug Repurposing in Parkinson’s Disease. https://doi.org/10.1007/s40263-018-0548-y

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