Neuroinmunología, la conexión entre la mente y el cuerpo

La influencia que tiene el estado mental de una persona sobre la salud y la enfermedad puede ser comprendida a través de los puntos de contacto que existen entre los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario.

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La neuroinmunología es una rama de la medicina que abarca la relación entre la mente y el cuerpo, tanto en la salud como en la enfermedad.

El sistema nervioso simpático inerva el bazo, el timo y los ganglios linfáticos; propiciando en estos órganos el contacto de las fibras nerviosas con células claves del sistema inmunitario.

Entre estas células se encuentran los linfocitos B, linfocitos T y macrófagos. Todas poseen receptores que reconocen la adrenalina, noradrenalina, cortisol, sustancia P y péptido intestinal vasoactivo.

Estas sustancias envían señales hacia el interior celular, posibilitando que las células inmunitarias monitoricen lo que ocurre en el medio externo y en consecuencia puedan responder.

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Relación entre el estrés y el estado inmunológico

El cortisol es conocido como la hormona del “estrés”, ya que se produce en grandes cantidades bajo situaciones de tensión. Está demostrada su implicación en:

  • Inducción de atrofia del timo, el bazo y los ganglios linfáticos.
  • Reducción de la cantidad de linfocitos, macrófagos y eosinófilos circulantes.
  • Inhibición de la actividad de los linfocitos T y los macrófagos, la producción de anticuerpos y la secreción de sustancias químicas inflamatorias.

Por consiguiente, no debe sorprender que la tensión prolongada aumente la susceptibilidad a enfermedades como infecciones y cáncer.

¿Cuáles son las vías de comunicación entre el sistema inmunitario y los sistemas nervioso y endocrino?

Las células inmunitarias sintetizan cuantiosas hormonas y neurotransmisores que se relacionan con las células endocrinas y nerviosas.

  • Los linfocitos B producen corticotropina (hormona que provoca la liberación de glucocorticoides como el cortisol) y encefalina (neuropéptido que interviene en la regulación del dolor).
  • Los linfocitos T producen hormona del crecimiento, hormona estimulante de la tiroides (relacionada con la regulación del metabolismo) y hormona luteinizante (regula en el hombre la secreción de testosterona y en la mujer la ovulación).
  • Los monocitos secretan prolactina (hormona que estimula la producción de leche en las glándulas mamarias) y péptido intestinal vasoactivo (provoca vasodilatación e inhibe la secreción de enzimas gástricas).
  • Las interleuquinas y el factor de necrosis tumoral secretados por las células inmunitarias producen sensaciones de fatiga y somnolencia cuando se está enfermo y estimulan al hipotálamo para que secrete corticoliberina, lo que lleva a la secreción de corticotropina y cortisol.

Aunque todavía se debate si las cantidades secretadas de estas sustancias son suficientes para tener efectos a largo plazo sobre el cuerpo, no resulta absurdo pensar en la posibilidad de que las células inmunitarias ejerzan influencia sobre las funciones nerviosas y endocrinas de manera tal que afecten la recuperación.

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Observaciones que apoyan la relación mente-cuerpo

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Aunque la neuroinmunología ha creado dudas entre los médicos, cada vez son más los especialistas que consideran importante el estado mental de cara a la función inmunitaria.

  • Las personas bajo situaciones estresantes, como los estudiantes durante los periodos de exámenes y las personas que cuidan a parientes con enfermedad de Alzheimer, muestran más infecciones respiratorias que otros individuos y responden de manera menos efectiva a las vacunas contra la hepatitis y la gripe.
  • Las actitudes, la capacidad para enfrentar la tensión y los sistemas de apoyo social a los pacientes; tienen una importancia significativa sobre el tiempo de supervivencia aún en enfermedades graves como el cáncer.

En general, se condidera que el optimismo, entusiasmo, depresión, resignación o desesperación frente a las enfermedades, afectan de manera significativa la función inmunitaria.

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Bibliografía

Dorta AJ, Reiber H, García N, Padilla D, Bu-Coifiu R, Pedroso P. Sangre-Líquido Cefalorraquídeo. La Habana: Academia, 2006.

Saladin, K.S. Anatomía y Fisiología. La unidad entre forma y función. Mc.Graw. Hill 6, 2013.

 

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