Cuervos negros en la mente de Edgar Allan Poe

Desde epilepsia, hasta trastorno bipolar y depresión endógena, son muchos los diagnósticos que se intentan hacer al padre de la literatura de terror, uniendo los cabos de su obra y su tormentosa vida.

mente de edgar allan poe

Un cuervo que insiste en repetir una frase tormentosa, “Nunca más”; un hombre que es enterrado vivo en medio de una parálisis temporal; el corazón de una víctima que late debajo del suelo delatando al criminal más allá de la muerte… Edgard Allan Poe supo cautivar nuestra imaginación con misterio, morbo y tensión como nunca antes habían sido escritos en lengua inglesa.

Descubierto por muchos en las lecturas de adolescencia, Poe ata los ojos al renglón hasta sumergirte en una vorágine que olvida el libro y salta hacia la vida.

Sus historias son oscuras, protagonistas temerosos con los que nos identificamos; amor y muerte, belleza y frustración. Y, no lo olvidemos, logran una extraña sensación de miedo que hace beber sus libros en minutos. A no dudar, era un genio de las letras.

Cada año son decenas de admiradores los que visitan su tumba, y misterioso, como su obra, desde hace décadas un lector suele dejar un ramo de rosas y media botella de coñac, sin que haya podido ser identificado aún. Es el resultado de su literatura, que ata a los admiradores a sus intensos relatos.

Pero hay quienes aseguran que para verdaderamente ser un genio y expresar el gran arte, Poe tuvo que pagar el precio que cobran las musas. Vivir en altibajos emocionales, para extraer de  las crisis las grandezas expresivas.

Si pagó esa factura conscientemente para crear, o fue víctima de sus inestabilidades, no lo sabremos con certeza. Su muerte, como todo en él, fue otro enorme misterio que aún hoy se intenta desentrañar.

Los admiradores y comentaristas que quedan cautivados con sus relatos no se rinden en el intento de “diagnosticarle” de mil maneras diferentes, pero lo cierto es que sus biografías fragmentarias no son suficientes para asegurar nada.

Alcoholismo, abuso de drogas, cólera, suicidio, tuberculosis, hidrofobia, epilepsia, trastorno bipolar… Todos parecen tener evidencia en la obra y la vida de este venerado autor.

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Los hilos negros de la vida

De padres aficionados al teatro, nació en un contexto ya apegado a la creatividad, sin embargo, la vida comenzaría a ser zigzagueante para él desde muy temprano.

Antes de cumplir los dos años su padre se separaría definitivamente de su madre, quien moría de tuberculosis meses después.

El pequeño Edgar fue acogido por una familia amiga, los Poe, mientras su hermano mayor era adoptado por los abuelos.

Durante sus años de estudio nacerían tempranamente sus dos sinos: su desbordante talento como narrador, y su carácter fluctuante y depresivo. Para los años de adolescencia, Poe estrenaría otra de las cuerdas que para siempre ataban su mente, y paradójicamente parecía liberar su frenesí creativo: el alcohol.

Tras ser expulsado de la Academia Militar de West Point por su falta de disciplina, Poe decepcionaba a su padre adoptivo, con quien desde entonces tendría una relación muy distante y tensa.

Poco tiempo después se desataba el segundo y mayor incidente entre ellos: el padre ocultó a Poe la enfermedad de su madre, y solo permitió que fuera avisado tras la muerte de esta.

Se cree que este fue el detonante de una de las primeras y más intensas crisis depresivas del joven escritor, desgarrado por la noticia.

Pero llegaba una nueva etapa de giros dignos de telenovela: Poe se mudaba con una tía, y quedaba prendado de su prima. Lo cual no hubiera sido problema de no ser por un detalle: la joven apenas alcanzaba los trece años de edad.

Virginia Eliza Clemm

Decidido a tomarla en matrimonio, el poeta de poco reconocimiento, que hacía literatura por no poder evitarlo, y apenas lograba pagar sus deudas con la publicación ocasional de un relato, llegó a falsificar documentos para lograr el casamiento.

Inconstancia, y alcohol para evadir una realidad penosa en lo económico, comenzarían a marcar como presencias constantes su estado depresivo habitual. Sin embargo, su obra y sus cartas personales revelaban un fino humor irónico que serían también desde entonces una marca peculiar de su obra.

En sus propias descripciones por ese tiempo, el cuentista reconocía fluctuar de los estados de ánimo más oscuros a repentinos momentos de euforia. Esta descripción, reiterada en sus cartas, justificaría los “diagnósticos” de trastorno bipolar que actualmente abundan entre sus estudiosos.

Pero una sola cosa nunca fluctuó en su vida: en cualquiera de los estados y generando o no dinero, Poe escribía. Periodismo, terror, poemas…

Amor y muerte

En 1845, estando casado con Virginia, dio a luz el que es considerado su poema maestro “El cuervo”. Irónicamente, ganaría por él solo un par de dólares y tendría que pasar toda su vida para ser reconocido a la altura de su logro literario.

Pero este no sería el único rasgo extraño del matrimonio de Poe con su jovencísima prima. Dos de sus biógrafos, Kenneth Silverman y la psicoanalista Marie Bonaparte, han sugerido que la relación de Virginia y Poe pudo haber sido más de compañerismo que de esposos. E incluso, que Poe hubiera buscado apenas un platónico refugio ante la falta de una familia.

Bonaparte se ha aplicado a la lectura analítica de varias obras señaladas de Poe, y ha concluido que Virginia murió virgen, como la “doncella” del poema “El cuervo”. Sin embargo, declaraciones registradas en viejos documentos de los amigos cercanos de Poe expresan que a partir de los dieciséis años de la joven, la vida sexual del matrimonio se vivió con “normalidad”.

la mente de Edgar Allan Poe

Pero la inconstancia emocional de Poe era una verdad en todas las áreas de su vida, a poco tiempo de su casamiento se vio envuelto en un grave escándalo que involucraba a las poetisas Frances Sargent Osgood y Elizabeth F. Ellet en rumores de infidelidades.

En torno a 1842, cuando está consolidando su posición en los ambientes literarios y periodísticos, aparece la tuberculosis de Virginia. Enfrentado a la misma enfermedad que había acabado la vida de su madre, Poe se desestabiliza, deja de cumplir sus compromisos profesionales y, al decir de uno de sus comentaristas actuales, el periodista José Abad, protagoniza varios inquietantes episodios psicóticos, como la visita a una antigua novia, ya casada, a quien obligó a cantarle una de sus canciones preferidas.

Por demás, el ave negra del poema pareció traer realmente la anunciación de otra pérdida. Con apenas 24 años y angustiada por los escándalos sobre la infidelidad, Virginia sucumbía a la enfermedad. Llegaría así otra de las grandes depresiones y recaídas en drogas, que el mismo autor dejaba claramente expresada en sus versos.

Poemas como “Annabel Lee” comenzarán a reiterar el personaje de la amada muerta, uno de los constantes en su creación y que muchos filólogos ven como una expiación de culpa mediante las letras.

El fin de una mente misteriosa

Una vida inestable salpicada por los ocasionales consumos de láudano, y la promiscuidad, no impidieron a Poe seguir escribiendo sin descanso, como periodista para vivir, y como narrador para su propio placer y el nuestro.

En 1849, después de intentar suicidarse con láudano sin lograrlo, se reencontraría con un viejo amor de estudiante y fijaría pronto una fecha para matrimonio, correspondido en afectos por Sara Elmira Royster. Pero la amada ponía sus reglas: el poeta debía alejarse de otras jóvenes, y dejar definitivamente el alcohol y cualquier otro consumo.

Comprometido, Poe aceptó en asumir una vida más estable,  mas doce días antes del matrimonio, como en uno de sus propios relatos oscuros en que el amor siempre es interrumpido por la muerte, aparecía en Baltimore en un estado de obnubilación, con una ropa que no era la  suya, y profiriendo palabras sin sentido que serían las últimas.

A su muerte, sin explicación aún, el albacea  Rufus Wilmot Griswold se dedicó a difundir la imagen de un poeta malvado, drogadicto y agresivo, que sin embargo, catapultó las lecturas de su obra y durante mucho tiempo fue la única “biografía” disponible.

Los biógrafos más actuales no cuentan con evidencias considerables más que las marcas de su obra y de sus propias descripciones y las de los amigos. Coinciden actualmente en que Poe no era un drogadicto en el sentido actual, sino que vivía episodios de consumo ocasionales, pero llevados a un extremo bastante intenso y asociados a sus etapas de depresión.

El sicólogo español Ricardo Castaño opta por creer en la embriaguez patológica. Sobre un posible trastorno bipolar, apunta:

Parece claro, según se desprende de sus propios escritos, que Poe padecía un trastorno bipolar. (…) tenía tendencia a los estados depresivos (…) Ante los sentimientos de soledad, desesperanza y tristeza vital, Poe recurría al alcohol. Bastaba una pequeña dosis para pasar de la depresión al estado maníaco, con verborrea e hiperactividad. Tanto la depresión mayor como el trastorno bipolar aparecen frecuentemente asociados al alcoholismo y al abuso de otras drogas”.

La mayoría de los artículos dedicados al tema apuestan por el trastorno bipolar como posible diagnóstico póstumo, a través de las autodescripciones del literato, que solía hablar de estados profundamente tristes seguidos de etapas creativas detonadas por el alcohol. Pero la certeza, a tantos años de su muerte, no la tenemos. Nos quedan, imperecederas, sus letras vivas, que seguirán empujando a muchos a llevarle rosas a su tumba.

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