Tras las huellas de la esquizofrenia del Dios de la Danza

Tras las huellas de la esquizofrenia del Dios de la Danza

Vaslav Nijinsky (1889–1950), uno de los más grandes bailarines de la historia, desarrolló esquizofrenia alrededor de los 30 años. Los diarios que escribió son una ventana a la vida de un artista absoluto y también, de paso, a la enfermedad con la que convivió hasta el fin de sus días.

Vaslav Nijinsky en el ballet La Siesta de un Fauno | Exposición Ballets Rusos de la biblioteca museo de la Opera de París.

Sin palabras comprendo a la gente. Veo sus acciones y entiendo todo. Lo entiendo todo. Puedo hacer todo. Soy un campesino. Soy obrero en una fábrica. Soy un sirviente. Soy un caballero. Soy un aristócrata. Soy un zar. Soy un Emperador. Soy Dios. Yo soy Dios. Soy todo. Yo soy la vida. Yo soy la eternidad. En todas partes y por siempre estaré.

Lo anterior bien podría considerarse un poema, pero también es la prueba, según interpretan los expertos, de los delirios de grandeza y de omnipotencia de Nijinsky, un bailarín por el que llegaron a interceder papas, reyes y emperadores y que recibió la atención médica de algunos de los profesionales que marcaron la historia de la psiquiatría y la psicología.

Nijinsky nació en Ucrania de padres polacos también bailarines, y a la edad de 11 años entró a la que muchos consideran la mejor escuela de danza de la época, el Imperial Russian Ballet School de San Petersburgo.

Comenzó así su camino a convertirse en lo que por naturaleza parecía predestinado: en un virtuoso de la danza que no solo destacaba por su técnica, sino además por la intensidad emocional que imprimía a sus personajes.

Pero a la par comenzó un periodo traumático que pudo haber contribuido a que poco menos de dos décadas después, Nijinsky desarrollara claros síntomas de esquizofrenia.

Así lo considera el profesor de la Universidad de Cambridge Emilio Fernández-Egea, quien en un artículo publicado en la revista Brain se atreve a revisitar la mítica figura y analizar el origen de su enfermedad bajo el prisma de las nuevas teorías sobre la esquizofrenia.

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Esquizofrenia, un trastorno del neurodesarrollo

Hay una fuerte corriente en la actualidad que clama por considerar la esquizofrenia como un trastorno del neurodesarrollo, es decir, que la enfermedad es el resultado de influencias genéticas y ambientales que impactan en el normal desarrollo del cerebro desde edades pediátricas.

Visto así, la esquizofrenia, que es una enfermedad que se hace evidente generalmente entre los 20 y los 30 años, en realidad tiene sus raíces mucho antes, tan pronto como el periodo fetal y la infancia, etapa que parece clave.

Las experiencias traumáticas en la infancia repetidamente se han confirmado como un importante factor de riesgo de trastornos psicóticos, en especial de esquizofrenia.

Y eventos traumáticos no faltan precisamente en la biografía de Nijinsky.

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Acoso escolar y abuso sexual, ¿factores desencadenantes de la esquizofrenia del genio?

Entrar a la mejor escuela de ballet del mundo con evidentes capacidades para ser uno de los grandes, tuvo dos consecuencias para Nijinsky: inmediatamente se lo reconocieron (su talento) e inmediatamente comenzó el acoso (lo que hoy llamaríamos bullying) de un niño que provenía de familia humilde y que era percibido como inferior.

Según contó uno de sus compañeros de clases, Anatole Bourman:

Se le hacía sentir inferior en todo momento; se le ignoraba en nuestros juegos y se le despreciaba por completo. Era alguien a quien había que dar órdenes, a quien había que despreciar y despreciar. Si merecía o no una crítica, Nijinsky la encontró.

Esta estresante situación duró 8 años y lo que vino a continuación fue la gloria artística, su reconocimiento como genio de la danza, pero el peaje a pagar fue alto.

La historia de Nijinsky no puede ser bien comprendida sin la figura de Serge Diaghilev, fundador de Ballets Rusos, la compañía de ballet más influyente del siglo XX en la que el desempeño de Nijinsky fue tan notable, que se ganó el apelativo de Dios de la Danza.

Pero para llegar hasta ese punto, Nijinsky sufrió todo tipo de maltrato por parte de Diaghilev. Según contó Ludwig Binswanger, uno de los médicos que trató a Nijinsky después del inicio de los síntomas de esquizofrenia, Diaghilev:

Lo trató con una brutalidad terrible, lo golpeó, lo encerró en una habitación cuando se fue, no le permitió estar con nadie más hasta los 18 años y abusó sexualmente de él”.

El propio Nijinsky describe con bastante crudeza el tipo de vínculo que le unía a Diaghilev:

Lo odiaba, pero fui en busca de suerte. Encontré suerte allí porque inmediatamente le hice el amor. Temblaba como una hoja de álamo. Yo lo odiaba, pero fingía, porque sabía que mi madre y yo nos moriríamos de hambre. Me di cuenta de que había que vivir, y por eso no me importaba el sacrificio que hiciera».

¿Fueron estas experiencias las que despejaron el camino a la esquizofrenia de Nijinsky? Para el profesor Fernandez-Egea:

La esquizofrenia de Nijinsky podría estar relacionada con estos factores estresantes de la vida infantil y adulta más que con un proceso de desarrollo cerebral intrauterino anormal”.

Los últimos años

Lo cierto es que fue un evento estresante lo que precipitó la primera crisis en la salud mental del bailarín. Decidió casarse con una aristócrata húngara y la noticia no sentó nada bien a Diaghilev, que lo despidió de la compañía.

En un intento de autogestionar su propia carrera, Nijinsky tiene grandes pérdidas económicas. En 1914 tiene un hijo en camino, pero ya la enfermedad empieza a dar las primeras señales. En Budapest le diagnostican “neurastenia con estado depresivo”.

El genio vuelve a Ballets Rusos, pero vive en constantes conflictos con Diaghilev. En 1917 comienza una gira por Suramérica y es en este periodo cuando los síntomas claros de psicosis se hacen evidentes.

Bourman, el que fuera su compañero de clases y que ahora también está en la compañía, describe como:

El delirio de persecución se mostró repetidamente durante nuestras cuatro semanas en Buenos Aires. Se hizo habitual que Vaslav me persiguiera, y después de echar una mirada temerosa, medio susurrando dijera: «¡Me matarán aquí! Observa y verás que esta vez, al menos, estoy diciendo la verdad. Sé que voy a morir. ¡Me matarán!». Ninguna persona en particular parecía ser sospechosa y el «Ellos» seguía siendo un misterio’.

Esta fue la última gira de Nijinsky con Ballets Rusos. A finales de 1917 se instala con su mujer y su primera hija en Suiza, donde su salud mental va deteriorando progresivamente.

A lo largo de los años Nijinsky sale y entra de diversas instituciones psiquiátricas y es visto por algunos de los más destacados psiquiatras de la época que también resultaron ser pioneros de su campo, por ejemplo, Eugen Bleuler y Ludwig Binswanger.

Nijinsky padecía alucinaciones, delirios de persecución, pensamiento desorganizado, alteraciones motoras graves, y episodios violentos que lo conducían a nuevas hospitalizaciones.

En 1919, entre enero y marzo, el Dios de la Danza escribe su diario conformado por cuatro cuadernos, lo que constituye la mejor vía de acercamiento a los síntomas de su enfermedad y también a su sufrimiento personal.

En ellos se puede leer:

No me gusta dios cuando es malo, yo soy dios, Nijinsky es dios, los doctores no entienden mi enfermedad, mi cuerpo no está enfermo, mi alma lo está, sufro, sufro, soy sólo un hombre, no soy dios.

Nijinsky falleció el 8 de abril de 1950 en Londres debido a complicaciones renales. Hoy se recuerda como una figura mítica del ballet y él, que se sentía Dios de vez en vez, seguramente no podría estar más satisfecho.

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Fuentes

Emilio Fernandez-Egea, One hundred years ago: Nijinsky and the origins of schizophrenia, Brain, Volume 142, Issue 1, January 2019, Pages 220–226, https://doi.org/10.1093/brain/awy262