Apraxia de la marcha: síntomas, causas y diagnóstico

Apraxia de la marcha: síntomas, causas y diagnóstico

apraxia de la marcha

La apraxia de la marcha se caracteriza por una serie de síntomas característicos que suelen asociarse a lesiones en el lóbulo frontal cerebral.

El retraso en el inicio del movimiento, aumento de la base de sustentación, marcha inestable y pasos cortos son un conjunto de síntomas asociados a la apraxia de la marcha.

Suele estar causada por lesiones frontales del cerebro, hidrocefalia o eventos vasculares subcorticales.

Existen algunas condiciones con las que se podría establecer un diagnóstico diferencial, a pesar de que una correcta historia clínica y ciertos exámenes complementarios como las neuroimágenes permiten establecer un diagnóstico.

¿Cuáles son los síntomas de la apraxia de la marcha?

Como su nombre indica, se trata de una serie de síntomas relacionados con la marcha en el contexto de una incapacidad de poder realizar movimientos de forma voluntaria (que ya sean conocidos por el paciente) y que sea debido a trastornos neurológicos.

DEFINICIÓN DE APRAXIA DE LA MARCHA
La pérdida de la capacidad de usar correctamente las extremidades inferiores en el acto de caminar.
Meyer y Barron, 1960

En el caso específico de la apraxia de la marcha, el paciente tarda un tiempo considerablemente largo para dar los primeros pasos.

Una vez realizados, puede disminuir la intensidad de la discapacidad, aunque los síntomas pueden volver a presentarse al cabo de pocos segundos.

Evidentemente, esto condiciona disminución de la velocidad de la marcha y generalmente viene acompañada de pasos muy cortos e inestables.

El aumento de la base de sustentación (separar los pies y aumentar la fuerza con la que se dan los pasos) es un signo inespecífico que puede presentarse en otras enfermedades, pero que también está presenta en la apraxia de la marcha.

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¿Cuáles son las causas de la apraxia de la marcha?

En la mayoría de los casos se han identificado lesiones estructurales en el lóbulo frontal, el cual posee la circunvolución precentral (una masa de tejido cerebral especializado en originar las señales correspondientes a los movimientos voluntarios), cuyo daño se asocia a los síntomas anteriormente mencionados.


A diferencia de las alteraciones de la macha que experimentan muchos pacientes con párkinson, las disfunciones provocadas por la apraxia de la marcha no mejoran con pistas visuales o sonoras.


También puede existir daño subcortical (que puede involucrar sustancia blanca o gris) asociados a un mecanismo fisiopatológico vascular.

La hidrocefalia y la degeneración neuronal también pueden explicar esta condición.

¿Cuáles otras condiciones se asemejan a la apraxia de la marcha?

Existen otras alteraciones de la marcha que pudiesen plantearse a la hora de hacerse un diagnóstico diferencial, a pesar de que en cualquier caso las características clínicas del paciente son las que podrán permitir hacer el diagnóstico definitivo.

Por ejemplo, la marcha atáxica que se caracteriza por un trastorno que impide la adecuada coordinación muscular, generalmente dada por afecciones cerebelosas o vestibulares.

Esta se caracteriza por inestabilidad y desviación de cuerpo durante la marcha.

Es importante que el médico realice los diagnósticos diferenciales oportunos en cada caso.

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¿Cómo se realiza el diagnóstico?

Teniendo en cuenta la cantidad de diagnósticos diferenciales, es necesario que la evaluación neurológica sea completa, para lo cual el paciente puede esperar realizar en consulta varias tareas que le orientará el neurólogo y que permitirán evaluar su trastorno.

En algunos casos en los que existan  determinadas sospechas diagnósticas deben realizarse algunos exámenes complementarios.

Por ejemplo, los estudios de neuroimagen capaces de determinar alteraciones estructurales en el lóbulo frontal propias de la enfermedad (como la tomografía computarizada y la resonancia magnética nuclear) son importantes.

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Fuentes y referencias

Cerda L. Evaluación del paciente con trastorno de la marcha. Rev Hosp Clin Univ Chile 2010;21:326-36.