3 enfermedades autoinmunes que atacan el sistema nervioso


Las enfermedades autoinmunes se caracterizan por afectar a una gran cantidad de órganos y sistemas, siendo el tejido nervioso parte de los afectados.

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A veces, el sistema inmunitario detecta sustancias propias del organismo como anormales y desencadena una intensa reacción inflamatoria en distintos tejidos que puede comprometer severamente la vida del paciente. Estos trastornos suelen producir fenómenos crónicos y muchas veces de difícil manejo.

El lupus eritematoso sistémico (LES), la arteritis de células gigantes y la esclerosis múltiple son ejemplos clásicos de patologías autoinmunes que afectan el sistema nervioso. Es sobre sus distintas particularidades de lo que hablaremos a continuación.

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Lupus eritematoso sistémico

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Esta es una enfermedad común en la población, que hoy en día sigue siendo muy desconocida por la mayoría de las personas. Se trata de una enfermedad autoinmune en la cual se elaboran distintos anticuerpos frente a gran cantidad de sustancias, especialmente proteínas, en el interior de las células.

Entre ellos se encuentran los anticuerpos anti-DNA (es decir, contra el material genético celular). También existen anticuerpos antinucleares e inclusive contra los fosfolípidos de la membrana celular , las cuales son moléculas que mantienen a las células aisladas del medio que las rodea y son vitales para distintos procesos.

Como consecuencia de esta interacción entre los anticuerpos y las otras sustancias, se desarrolla una respuesta inflamatoria importante que conlleva a la lesión celular de una enorme cantidad de órganos y sistemas de manera inespecífica.

Generalmente existen síntomas como intolerancia a la luz, lesiones cutáneas rojizas (que suelen manifestarse en la región facial en forma de “alas de mariposa”) y anemia.

El sistema neurológico no queda libre de estas alteraciones, siendo la cefalea, convulsiones y las neuropatías periféricas las principales manifestaciones.

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Vasculitis

cefalea mixta

Esta condición se define como la inflamación de los vasos sanguíneos. Este es un término muy amplio y que engloba a una gran cantidad de patologías, independientemente de si tengan origen autoinmune o no.

Clásicamente es posible distinguir las vasculitis dependiendo de si afecta a grandes, medianos o pequeños vasos.

La arteritis o vasculitis de células gigantes suele afectar a grandes y medianos vasos, pero tiene una especial predilección por la arteria temporal (la cual se halla sobre la superficie del hueso temporal, en las porciones laterales del cráneo).

Generalmente afecta a mujeres mayores de 50 años y de raza blanca, aunque puede afectar a cualquier tipo de persona.

Los síntomas, al igual que todas las vasculitis, son muy variados y dependen principalmente de la arteria afectada. Al existir inflamación suele haber pérdida de la función de estas estructuras, por lo que disminuye en grado variable la irrigación o perfusión de los distintos tejidos, comprometiendo también sus funciones.

Cuando la afección se limita a la arteria temporal (como sucede en la mayoría de los casos), el principal síntoma es la cefalea de fuerte intensidad, muchas veces acompañada de la fácil palpación de la arteria temporal, lo cual es un signo sugestivo de la enfermedad.

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Esclerosis múltiple

“Fibras nerviosas mielinizadas y no mielinizadas y vaso sanguíneo” por la Universidad de Edimburgo. Crédito: Universidad de Edimburgo. CC BY-NC

Se trata de una enfermedad autoinmune crónica y desmielinizante del sistema nervioso central. Se caracteriza por la destrucción progresiva de la mielina, una capa aislante de lípidos que rodea a las neuronas, y que compromete severamente la capacidad de conducción nerviosa de estas estructuras.

Debido a que se afecta esta última función, las manifestaciones clínicas suelen ser sensitivas o motoras, dependiendo de la zona afectada y del grado de extensión de la lesión.

Uno de los elementos más importantes a tener en cuenta al momento de realizar el diagnóstico es tener en cuenta la presentación clínica de la enfermedad. Esta suele ser en forma de brotes y remisiones, es decir, momentos en los que se exacerba la sintomatología seguida de períodos asintomáticos que pueden durar hasta años.

Sin embargo, existen otras formas de difícil manejo que se caracterizan por la disminución progresiva o ausencia de las remisiones.

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Fuentes y referencias:

Molina, J. Lupus eritematoso sistémico. Protocolos diagnósticos y terapéuticos en pediatría.

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